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| Gran parte de los problemas psicológicos que arrastramos durante nuestra vida tienen origen en la infancia. |
¿Sabías que algunos problemas psicológicos tienen su origen en la infancia? Las personalidades y actitudes están muy influenciadas por las vivencias que se experimentan durante los primeros años de vida. Cuando algunas de estas experiencias infantiles son traumáticas y generan un intenso sufrimiento es probable que traigan consecuencias psicológicas en la adultez. Por tanto, es habitual que las heridas emocionales del pasado que perviven en tu interior condicionen tu presente y amenacen por determinar tu futuro.
Estas heridas emocionales de la infancia tienen que ver con el tipo de relación que tuviste con tus padres u otros cuidadores de quienes fuiste dependiente durante tus primeros años. Por ejemplo; Cuando el patrón de apego en la infancia fue seguro porque el vínculo establecido por los padres fue de protección y aceptación incondicional, es muy probable que hayamos crecido con una buena salud emocional y seamos capaces de entablar relaciones maduras con otras personas. En cambio, si nuestros progenitores actuaron de manera sobreprotectora, negligente o desorganizada en su vínculo afectivo, es muy posible que, ya como adultos, seamos víctima de un cierto desequilibrio emocional y tengamos serias dificultades para establecer relaciones sanas con otras personas. Haber crecido en una familia disfuncional suele dejar secuelas en el plano afectivo. Algunas heridas de la infancia que influyen en la adultez son:
- El rechazo
El ser humano aprende a tratarse a sí mismo como fue tratado en los primeros años de vida. Así, si un niño percibe que es rechazado o no deseado por alguno de sus progenitores u otro de los cuidadores influyentes, pensará que no es digno de ser querido y amado.
2. El abandono
Las personas que han sentido profundamente la herida del abandono en su infancia suelen ser muy inseguras, de manera que buscan un apoyo que les ayude a tomar decisiones. Como no confían en sí mismas, es frecuente que desarrollen una dependencia emocional hacia otra persona.
3. La humillación
Un niño que es constantemente humillado, puede ser marcado de por vida. La herida emocional de la humillación tiene lugar cuando un niño percibe que uno de sus padres se avergüenza de él por algún determinado suceso. Es preferible regañar a un niño de forma privada que pregonar su mal comportamiento a los cuatro vientos para evitarle una humillación. Las actitudes negativas e incorrectas de los “educadores” son sumamente destructivas para la autoestima de los niños.
4. La injusticia
La herida de la injusticia puede ser causada por progenitores o cuidadores influyentes que tratan con desigualdad a los hijos, que son muy fríos, autoritarios o excesivamente exigentes con alguno de ellos. Pero también puede ser provocada si un hijo cree que se le han dado muchas más cosas materiales que a los otros.
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